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El mejor ejemplo de humildad.

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Se acerca la semana santa y nos vamos acercando a la fecha más importante del año, la fecha en que recordamos que Jesucristo murió en la cruz, anulando el acta de cargos en nuestra contra; y también se acerca el día en que recordamos que al tercer día resucitó de entre los muertos y que juntamente nos resucitó a un nuevo hombre.

El pasaje a considerar es Juan 13: 1-20

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y durante la cena, como ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote,  hijo  de Simón, el que lo entregara,  Jesús,  sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía, se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida. Entonces llegó a Simón Pedro. Este le dijo: Señor, ¿tú lavarme a mí los pies? Jesús respondió, y le dijo: Ahora tú no comprendes lo que yo hago, pero lo entenderás después. Pedro le contestó: ¡Jamás me lavarás los pies! Jesús le respondió: Si no te lavo, no tienes parte conmigo. Simón Pedro le dijo: Señor,  entonces  no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que se ha bañado no necesita lavarse, excepto los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios, pero no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No todos estáis limpios.

Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto, y sentándose  a la mesa  otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que lo envió. Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis. No hablo de todos vosotros; yo conozco a los que he escogido; pero  es  para que se cumpla la Escritura: “El que come mi pan ha levantado contra mi su calcañar.” Os lo digo desde ahora, antes de que pase, para que cuando suceda, creáis que yo soy. En verdad, en verdad os digo: el que recibe al que yo envíe, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.

Sin duda de este texto podemos sacar muchísima enseñanza; el día de hoy quiero enfocarme en el ejemplo de humildad más sublime: Jesucristo, Dios mismo hecho hombre.

Lo primero que me llama la atención es que en la época de Jesús la pascua era un tiempo para convivir en familia, y Jesús deseaba pasar este tiempo con sus discípulos. ¿Cómo Dios mismo hecho hombre desea pasar tiempo conmigo, con mis imperfecciones, aún con mi rechazo e incredulidad…

Sabiendo Jesús que su hora había llegado… ¿Su hora? La hora de ser crucificado para reconciliar al mundo con el Padre.  “Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Más aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”  Fil 2:6-8

Jesucristo no sólo amó hasta el fin a sus discípulos, sino  que me amó a mí, a ti, a toda la humanidad hasta el fin, hasta la muerte.  Y si el mismo Dios no se aferró a su propia naturaleza de Dios, tomando forma de siervo, semejante a mí,  aun conociéndome, sabiendo que muchos no lo reconocerían, no se arrepintió, no se aferró… Cuanto más nosotros deberíamos de despojarnos a tantos argumentos que solo nos separan de Él.

¿A qué nos aferramos tanto que no podemos despojarnos?  ¿A un nombre? ¿A una posición? ¿A un status?

“Jesús,  sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía, se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida.”

Sabiendo…  Porque sabia quien era se humillo y lavó los pies.  Esto me enseña que nada de lo que hagamos nos rebaja si con esto hacemos el bien a los demás y fomentamos La Gloria de Dios.

Puesto que sabía quién era, se humilló a sí mismo…  Si se quien soy puedo ser humilde y servir sin problema.

La enseñanza de Jesús va más allá de lavarnos los pies los unos a los otros, Jesús hace énfasis en: “Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagan.”  Jesús está hablando una actitud de humildad.

“Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis. No hablo de todos vosotros; yo conozco a los que he escogido; pero  es  para que se cumpla la Escritura: “El que come mi pan ha levantado contra mi su calcañar.” Os lo digo desde ahora, antes de que pase, para que cuando suceda, creáis que yo soy. En verdad, en verdad os digo: el que recibe al que yo envíe, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.”

La recompensa de la humildad es el ser feliz, pero  esa felicidad no viene con saberlo, sino con practicarlo. Nuestra meta es ser humildes hoy, mañana, pasado mañana, el próximo mes… constante y sin parar.

Por último, Jesús nos advierte que vamos a encontrar traidores e hipócritas, pero nos dice que pase lo que pase  ÉL ES,  y pase lo que pase, debemos hacer lo que Él nos ha mandado a hacer.

Sigamos pues el ejemplo de Jesús, obedezcámoslo practicando la humildad a pesar de que nos encontremos con hombres que nos dan la espalda, con hombres que usan caretas y disfraces; después de todo, Jesucristo mismo, el Hijo de Dios lo sufrió…. Raro sería que nosotros no lo viviéramos.