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¿Cristianismo Cultural?

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palabra-de-diosHay una mayoría de cristianos o más bien, que piensan que son cristianos, pero que no saben lo suficiente del evangelio para ser salvos… yo era una de esos, creía que creía…

Trataba de vivir una “vida cristiana” sin la gracia de Dios, sin entender correctamente la Palabra de Dios, ni mi verdadero problema delante de Él sin Jesucristo en mi vida.

Tristemente se ha cambiado la enseñanza de una manera correcta de las Escrituras por psicología, “por predicaciones de “5 pasos para alcanzar el éxito”, “5 pasos para perdonar y ser libre”… tristemente se ha cambiado la correcta doctrina de oración por “declaraciones, decretos, cancelaciones” que no son bíblicas y sólo embrutecen y minimizan la verdadera enseñanza de la Palabra de Dios.

El problema con este falso cristianismo es que se ha reducido la Palabra de Dios; se ha creado una cultura en la que hoy en día lo importante es quien tiene la congregación más grande, o quien abarca el mayor número de medios de comunicación como “evidencias” de éxito en el ministerio… y si así fuera, ¿Qué podemos decir entonces del ministerio de Jesucristo ante esto? Fue a caso un fracaso total porque tuvo sólo 12 discípulos, uno de estos traidor, uno que lo negó, uno que no le creyó…

Ruego para que haya un despertar en el pueblo de Dios que nos lleve a Su Palabra como única directriz en nuestras vidas y congregaciones donde Su Nombre sea predicado.

Twitter: @danielazebadua

¡Qué cambio! De culpable a perdonado.

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culpableJustificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.  

Romanos 5:1-2

EL PROBLEMA: Dios, Santo y Justo no puede estar en paz con un pecador mientras estemos bajo la culpa del pecado. Tú y yo somos pecadores. (No nos hicimos pecadores, SOMOS pecadores… es nuestro estado).  Necesitamos ser justificados (evidenciados, probados, demostrados); la mala noticia es que ni tu ni yo podemos cambiar nuestro estado, ninguna religión, ningún rito, ninguna meditación, ni todo el conocimiento, ni todos los sacrificios pueden quitarnos el estado de pecadores.

Sin embargo, no todo está perdido, y digo no todo está perdido porque más bien ¡TODO ESTÁ GANADO!  La justificación elimina la culpa y abre el camino para la paz. La justificación viene SÓLO POR UN MEDIO: JESUCRISTO; por medio de Él que es el Mediador entre Dios y el hombre.

Y no es que por la justificación dejemos de ser pecadores, sino que estamos en un ESTADO DE GRACIA. Ningún hombre puede llegar a ese estado por sí mismo, sino que somos llevados a él como ofensores perdonados.

Estamos firmes: perseverancia; sostenidos por el poder de Dios; a pesar de la tribulación que si o si vendrá.

Nos gloriamos en LA ESPERANZA: ¿Dónde está tu esperanza?  ¿En lo material? ¿En las riquezas? ¿En una persona? ¿En tu trabajo?  Aquellos que tenemos nuestra esperanza de la gloria de Dios en lo que vendrá tenemos suficiente para regocijarnos en toda hora, a pesar de las malas rachas en esta tierra, en este mundo pasajero.

Recuerda: ¡¡Delante de Dios no hay “presuntos culpables” todos somos completamente culpables!! Pero hay una salida, se llama Jesucristo.

Él murió entre dos ladrones…

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Estaríamos totalmente equivocados en concluir que la esencia del cristianismo es retirarse del mundo en un espléndido aislamiento.

Dios se involucró con el dolor del mundo en Jesús Cristo.  Hasta los dolores de la muerte,  hasta la cruz (el símbolo de nuestra fe)  no se llevó a cabo en una catedral de oro, con velas de finísima calidad… sino en una colina a las afueras de una ciudad cosmopolita entre dos ladrones. La manera más humillante de morir.

En este camino por donde pasó la cruz, era tan cosmopolita que Pilato escribió en la cruz sobre la cabeza de nuestro Señor en tres idiomas: hebreo, latín y griego.

Debajo de la cruz y alrededor de la cruz se encontraban el tipo de personas que Dios ama, y por los que Él murió, los cínicos ladrones, y los soldados que sortearon su túnica, los que lo abofetearon, golpearon y escupieron… y ahí es donde estaba Jesús. Ahí es donde Él entregó Su vida.

Creación / De-Creación / Nueva Creación

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Juguemos con las palabras:

Creación: Dios reina sobre la tierra a través de las personas.

De-creación: Las personas intentan reinar por encima de Dios, de esta forma se corrompió la tierra.

Nueva Creación: Dios reina sobre la tierra renovada a través de Su Hijo crucificado-resucitado y su pueblo reconciliado.

 

 

Santidad: Cristo en nosotros.

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La santificación es el “misterio revelado a los hombres” en el que las cualidades perfectas de Jesucristo nos son dadas como un regalo, no de manera gradual sino instantáneamente, cuando por la fe comprendo que Él se hizo para nosotros santificación.  La santificación es la forma en que Su Santidad se vuelve mía y se refleja en mi vida.  Nada más y nada menos.

El secreto más maravilloso de una vida santa no consiste en esforzarnos en parecernos a Jesús, sino en permitir que sus cualidades perfectas se manifiesten en mí. La santificación es: Cristo en vosotros.  Es Su vida que se me imparte como un don soberano de la gracia de Dios.

Para ser santos no se trata de pedir “poder” para serlo o “tener autoridad” para serlo o “declararlo”…  es Él mismo en mi.  “Dios los ha unido a ustedes con Cristo Jesús. Dios hizo que él fuera la sabiduría misma para nuestro beneficio. Cristo nos hizo justos ante Dios; nos hizo puros y santos y nos liberó del pecado. Por lo tanto, como dicen las Escrituras: «Si alguien quiere jactarse, que se jacte solamente del Señor” 1 Corintios 1:30-31

La voluntad de Dios es vuestra santificación 1 Tesalonisenses 4  Cuanto más me enfoco en conocer a Dios, Él obra en mi.

El alivio que viene a mi vida cuando escucho “Santificación” es saber que no depende de mi, ni de mi esfuerzo ni de mis capacidades para agradarle (o cambiar de un estado a otro), sino que dependen 100%  de  Su sacrificio, por el cual he pasado de un estado a otro, de:  separado de Dios a estar en paz con Dios. (Rom 5:1,2).

 

¿Qué representa la muerte de Jesucristo en mi vida?

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Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, nos dé espíritu de sabiduría y revelación en el pleno conocimiento de Él; habiendo sido iluminados los ojos de nuestro entendimiento, para que conozcamos cuál es la esperanza a que nos ha llamado, cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la inmensurable grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la operación del dominio de su fuerza (Efesios 1:17–19).

El Viernes Santo es el día en que recordamos la Muerte de Jesucristo, el Hijo de Dios.

Una pregunta que nos puede surgir es: ¿Por qué tenía que morir Cristo?

Para entender porque tenía que morir Jesucristo, primero debemos entender cual es el problema del hombre: el pecado…

El pecado no es un acto, no son acciones, sino un estado en el que el hombre se encuentra.

No pecamos por lo que hacemos, sino porque SOMOS pecadores. El problema está en lo que somos, no en lo que hacemos.

La condición del hombre sin Dios: (Efesios 2:1-3)

  • Estábamos muertos en nuestros delitos y pecados.
  • Esta muerte es la separación del espíritu del hombre y el de Dios. Esta separación es por causa del pecado (Is. 59:1-2; Ef.2:1-5)
  • Éramos esclavosdel pecado:
    • Proveíamos para los deseos de la carne (Ro. 13:14; Ga. 5:16; 1 Pe 2:11)
    • Andábamos en los deseos de este mundo (1 Jn. 2:15-17)
    • Vivíamos bajo la potestad del príncipe de la potestad del aire. (Satanás)

¿Por qué tenia que morir Jesús?  Porque sólo a través de su muerte se pudo pagar el precio de nuestros pecados.  Todos teníamos que pagar, pero el pagó la deuda. Si creemos somos justificados, tenemos paz para con Dios.

En Cristo Jesús es donde está la redención, es decir, en su sangre. (1 P. 1:18-20; Col. 1:20; Ro. 3:24)

Ese pago lo hizo Cristo por completo cuando fue crucificado en la cruz y derramó su sangre por nosotros (ese fue el pago).

Así pues, la solución es: “La Gracia de Dios”. Solamente la gracia de Dios nos provee la ayuda y la esperanza que necesitamos. La gracia de Dios constituye la causa para la redención del hombre. Sin la gracia de Dios el hombre esta perdido y sin esperanza.

¿Cuál es la obra que hizo Dios EN CRISTO en beneficio de nosotros?

  • La vida eterna (1 Jn. 5:11; Jn. 3:16; Jn. 14:1-3)
  • El perdón de pecados (Ef. 1:7; Col. 1:13-14; Hch. 2:38)
  • Una paz diferente a la que el mundo da (Jn. 14:27)
  • Una nueva vida (2 Co. 5:17)
  • Reconciliación con el Padre (Is. 59:1-2—Ef. 2:13-16)
  • Ser miembro de la familia de Dios (Ef. 2:19)
  • No tener condenación (Jn. 3:18-19—Ro. 8:1)
  • Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, antes de que las cosas materiales fuesen creadas.
  • Ser adoptados hijos de Dios POR MEDIO de Jesucristo. (Ga. 4:4-5)
  • Hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia para poder entender el plan de Dios para redimir al mundo. (Este plan que fue revelado por medio de Cristo Jesús ahora nosotros, la Iglesia lo sabemos). (3:10; Col. 1:9)
  • En Él tuvimos herencia de todas estas bendiciones espirituales… (Ef. 1:13)
  • En Él, habiendo oído la palabra de verdad, el Evangelio de nuestra salvación, y habiendo creído en él, fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa. (Ef. 1:13)
  • Hemos sido lavados, santificados y justificados (1 Co. 6:11), de nuestra antigua vida pecadora

Todas estas bendiciones se encuentran en la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Por lo tanto, para que la persona pueda gozar de estas bendiciones espirituales, esa persona necesita estar en Cristo, y esto se hace por medio de la fe.  Él ya lo hizo, lo único que me toca hacer a mí es creer (diariamente, en cada momento: permanecer).

Con lo anterior, podemos entender que las bendiciones que Dios nos ha dado a través de Jesucristo son bendiciones Espirituales (no materiales) son bendiciones que tienen que ver con cosas de la eternidad y cosas que no se echan a perder.

El énfasis “En los lugares celestiales” Esta frase aparece varias veces en esta carta de los Efesios (1:3; 2:6; 3:10; 6:12), haciendo referencia a que Dios nos ha bendecido en Cristo en cuanto a asuntos espirituales. En lo que tienen que ver con el cielo, nuestra vida eterna, por lo tanto si estas bendiciones son lo importante para Dios, lo deben de ser para mí, más allá de las cosas materiales que son perecederas.

Si Jesucristo no hubiera venido, si no se hubiera hecho hombre, si no hubiera caminado entre nosotros, si no hubiera entregado de si mismo su vida para justificarnos,  jamás pudiéramos vivir unidos a Dios, seguiríamos en nuestra condición de pecado, de separación con respecto Dios, por lo tanto tendríamos la muerte eterna.

La muerte de Jesucristo representa nuestra salvación, representa que por su gracia y bondad puedo acercarme confiadamente a Dios y nuestra respuesta lógica es: Mantenernos Santos, apartados del mal, mantenernos sin mancha, no conformarnos a este mundo ( Ro. 12:1-2)  sino viviendo para Él, para sus propósitos, no para los nuestros, no para nuestras ambiciones, sino para que Él sea glorificado.

¿Para qué ha hecho Dios en Jesucristo lo que ha hecho? “Para alabanza de la gloria de su gracia”.   No se trata de nosotros, se trata de Él.

REFERENCIAS:

1 Pe 1:2 “Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.”

1 P. 1:18-20 “V. 20 Ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros.”

Hechos 2:23 “a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole”

Ro. 8:28-30; 2 Ts. 2:13; 2 Ti. 1:9; Tito 1:2

Mas el justo por la fe vivirá…

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He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirá“. Habacuc 2:4

El libro de Habacuc es interesante ya que se sabe muy poco sobre el profeta, cuyo nombre significa “abrazar”. Éste profetizo a finales del siglo VII aC de cautiverio de Israel en Babilonia.

A pesar de que la historia registrada de su vida es pequeña, su mensaje es poderoso y va directamente al corazón. Se registra una conversación de él con Dios donde plasma que está plenamente convencido del alcance de la gracia y la justicia de Dios.

Habacuc ve la maldad de los israelitas, ve a su alrededor violencia, conflictos, y destrucción; se queja de que el Señor no hace justicia al pueblo de Israel. Dios le responde con una descripción de la violencia de los caldeos. Dios va a liberar a los israelitas a estas personas derramadoras de sangre. Habacuc es respetuoso, pero no entiende por qué Dios no se apresura a liberar a los israelitas.

La respuesta de el Señor es: ”Porque Dios es justo”. Él juzga el corazón orgulloso, la lengua mentirosa, al igual que juzga la violencia y la destrucción. La justicia de Dios es tan pura, tan santa, tan por encima de nuestra comprensión de la pureza”.

En resumen, Habacuc se hace las mismas preguntas que nosotros, “¿Por qué Dios? ¿Dónde está tu justicia? ¿Por qué hay niños muriéndose de hambre? Por qué hay personas sin hogar y necesitados por la calle?”

Cuando la pregunta con un valor real sería: ¿De qué manera vivo? ¿Vivo por fe cada día? ¿He creído realmente lo que La Palabra de Dios dice?

“Dios es un Dios justo y santo, y nosotros somos pecadores culpables. Es necesario que tengamos una justicia para poder estar ante Él; tal justicia existe, fue traída Jesucristo, y dada a conocer en el evangelio: el método de aceptación por gracia a pesar de la culpa de nuestros pecados. La fe es todo en todo, en el comienzo y en la continuación de la vida cristiana. No es de la fe a las obras como si la fe nos pusiera en un estado justificado y, luego, las obras nos mantuvieran allí, pero siempre es de fe en fe: es la fe que sigue adelante ganándole la victoria a la incredulidad.”  Matthew Henry

¡Más el justo por la fe vivirá!  Esa es la fe que nos lleva a un cambio, que nos lleva a dar fruto y poder cambiar el panorama. Creamos y vivamos por la fe cada día, esperando el día para encontrarnos con Jesucristo.